Las almas más sabias que conozco
son aquellas que se han permitido perderse.
Porque saben que a veces hay que extraviarse del mundo
para encontrarse en el alma.
Perderse no es debilidad,
es rito de paso.
Es la rendición profunda de quien se anima a dejar
lo que ya no vibra,
aunque aún no sepa a dónde ir.
Y en ese camino incierto,
donde se siente el eco del vacío,
es donde nace la compasión verdadera.
Una que no juzga,
una que abraza las derrotas con ternura
y convierte el sufrimiento en sensibilidad.
Hoy, si estás perdida,
no temas.
Estás volviendo a ti.