La menopausia no es una enfermedad, sino un proceso biológico natural que marca el final de la etapa reproductiva de la mujer. Generalmente ocurre entre los 45 y 55 años, con una media alrededor de los 51. El diagnóstico oficial se establece cuando pasaron 12 meses sin menstruación y no existe otra causa médica que lo justifique.
Desde el punto de vista fisiológico, se debe al agotamiento de los folículos ováricos, lo que disminuye la producción de estrógenos y progesterona. Ese descenso hormonal está detrás de los síntomas más frecuentes: sofocos, sudores nocturnos, sequedad vaginal, alteraciones del sueño y cambios emocionales.
Lo he vivido en carne propia: recuerdo el día en que me sentí diferente, como si mi cuerpo hubiese cambiado de idioma sin avisar. También lo escucho en muchas mujeres que acompaño: “Fabiana, no me reconozco, mi cuerpo ya no responde como antes”. Y es ahí cuando les digo que la menopausia no llega de golpe, sino que es un viaje gradual de transformación.
Más allá de los cambios físicos, la menopausia trae consigo un fuerte peso emocional y cultural. Todavía en muchas sociedades sigue siendo un tema tabú. Algunas mujeres sienten que pierden valor o atractivo, cuando en realidad estamos frente a un nuevo umbral de poder personal.
👉 La clave es comprender que la menopausia no significa pérdida, sino reinvención. Conocer qué sucede en nuestro cuerpo y alma nos ayuda a transitar esta etapa con mayor confianza y serenidad.