El refugio de mi sonrisa

Sonrío cuando la lluvia acaricia los techos
y yo la escucho desde mi refugio,
en esa calma tibia donde el alma se acomoda
y el tiempo se vuelve lento.

Sonrío cuando el trueno ruge,
no por miedo, sino por la fuerza que anuncia vida.
Cuando el mundo afuera se agita
y adentro todo permanece en paz.

Sonrío al ver felices a los que amo,
cuando sus ojos brillan y sus risas se mezclan con las mías.
Sonrío al reencontrar a alguien querido,
porque en ese abrazo se disuelven los años y las distancias.

Una planta en flor me hace sonreír,
un árbol que se estira hacia el cielo,
la copa danzando con el viento,
el verde recordándome la esperanza y la libertad.

Sonrío cuando levanto la mirada
y el cielo me regala su danza de nubes,
cuando el aire huele a pasto recién cortado,
a tierra húmeda, a aire limpio entre los árboles.

El olor del mar me hace sonreír,
porque su sal me habla de libertad,
de orígenes, de infinitos.
Y también sonrío en los momentos simples:
una charla compartida, una mano que me cuida,
un plato rico que honra el cuerpo y la gratitud.

Sonrío cuando el sol de la mañana
me acaricia la cara con suavidad,
y cuando el del atardecer me pinta de oro el corazón.

Porque cada sonrisa mía
no es una respuesta,
es un reconocimiento:
la vida me habita,
y cada una de estas cosas
es una manera en que el amor me recuerda que existo.

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