Con el equinoccio de otoño en este lado del mundo, y con el inicio del año zodiacal, ingresa la energía de Aries: una fuerza poderosa de nuevos comienzos, impulso y renacimiento.
Hoy comienza el otoño, y en estos días de descenso sentí la necesidad de depurar, limpiar, parar. Han sido días de mucha sensibilidad. Me he sentido angustiada y triste porque, en mi trabajo, viví situaciones que me confrontaron profundamente conmigo misma, al hacerme revivir dolores que atravesé en ese lugar tiempo atrás.
Por eso necesité detenerme. Tomarme unos días para descansar, para volver a conectar conmigo, con la vibración del amor, con espacios de reflexión e introspección. Necesitaba volver a mí.
Hoy, mientras me hacía reiki, pedí una señal sobre lo que me está pasando y también sobre lo que este año trae para mí. En ese momento, una abeja se posó sobre mi pierna. Mi reacción fue simplemente apartarla con suavidad. No me picó, porque no hubo ataque, no hubo violencia.
Y allí comprendí algo importante: siempre van a existir situaciones que nos enfrenten al ego, al dolor, al conflicto. No importa en qué lugar estemos ni hacia dónde nos movamos. La vida está llena de momentos que nos desafían. Pero también entendí que está en una misma permitir que esas situaciones nos desequilibren más de la cuenta o aprender a atravesarlas desde otro lugar.
También pude ver con claridad que hay un componente hormonal atravesando este momento, y reconocerlo me ayudó a mirarme con más amor y compasión.
Pero más allá de eso, la gran enseñanza fue recordar que no siempre podemos evitar lo que sucede afuera, aunque sí podemos trabajar en cómo lo recibimos, cómo lo transitamos y cuánto poder le entregamos sobre nuestro centro.
Siento que este año uno de mis grandes aprendizajes será justamente ese: aprender a lidiar de la mejor manera posible con situaciones confrontativas y de conflicto. Porque la vida también se trata de eso. Y si logro hacerlas conscientes, observarlas y permitir que me afecten cada vez menos, entonces habrá evolución.
Hoy sé que ya tengo herramientas para atravesar estos procesos de una manera más amorosa y más sabia. El reiki, los ángeles, la naturaleza y todo el camino recorrido están ahí para sostenerme.
Cuidarme es amarme.
Me cuido.
Me amo.
Vuelvo a mí.
Gracias, gracias, gracias.