La inocencia con la que llegamos al mundo está llena de magia y posibilidad. Desde esa inocencia, somos capaces de soñar y creer en lo imposible. Sin embargo, con el paso del tiempo, perdemos esa capacidad de ver magia en lo cotidiano. Hoy, te invito a regresar a ese espacio de asombro, a mirar el mundo con ojos de niño, a creer que aún todo es posible. Que hoy puedas encontrar la magia en las pequeñas cosas: en una nube, en el canto de un pájaro, en la arena deslizándose entre tus dedos.